La luz, lentamente recorre sus largo dedos sobre el pecho de las formas.
Ellas, seducidas por su calor
Se entregan desnudas al cuarto de espejos,
Deformándose con el paso de la flama invisible,
Efectos susurrantes de lo que no vuelve Jamás,
Espejos flamean su ser uno frente al otro,
Se queman, pero no se tocan, como si el centro de las formas fuera el mismo,
Así el fuego que no se observa sigue su camino sin detenerse,
pronto las formas comienzan a confundirse, a desvanecerse
pronto la luz acaricia por ultima vez sus espaldas estremecidas, que quisieran irse con ella.
Lo obscuro lo toma todo y el miedo, el frío, la soledad…
Arranca su conquista por todos los rincones
Exceptuando donde la luz de la luna toca con su co creación ,
delicada y perfeccionada mano femenina que da vida en la obscuridad.