Hay mariposas mortíferas
Que se chupan a Venus
Destilan veneno de plata
Fugases y eternas como la gran cuna
Del ancla fructífera de piedra
Se aferran dioses y diosas
Al vientre de un oasis desnudo
un espejismo de embriagada mirada
quebrantable Soso de sal
Desapareciendo líneas inmutablemente sabidas
Lo uno sabe a muerte
Crea los primeros llantos indoloros
Fuente que emana de su catarsis
Dando impulso a las alas ahora del viento
Se regocijan los aleteos con ciencia sombría
Como el universo obscuro abrazando la dualidad de lo visible
Sinfónico duelo la inmanencia
Las bailarinas sin cuerpo y rostro
Acaricia sonido de arcoiris
El iris con arco lampo
Sorbe los efímeros del húmedo rastro
Dicha de no pertenecer al tiempo
Polen mortífero del árbol blanco
Aleloff